Bienvenidos a mi humilde ágora de opiniones.

Vivir la ciudad en que ames y sufras, sueñes y padezcas las mil y una
decepciones "de la carne herencia", parafraseando a Shakespeare, es una muestra de gratitud hacia el lugar que representa siempre algo más que un simple paisaje: es reencontrar el alma en las pequeñas anécdotas que nos rodean.



martes, 8 de junio de 2010

AVENIDA DE ANAGA (FRANCISCO LA ROCHE)


La Avenida de Anaga abre las puertas de Santa Cruz al océano, como paseo marítimo que flirtea con la mar mientras sus amantes, cruceros de lujo, veleros de todas las Armadas, mercantes de banderas de conveniencia cuyas cubiertas y bodegas rebosan de contenedores, la seducen o huyen tras prometer un pronto regreso a Edén.
Por la Avenida, decenas de peronas deambulan con su prisa calculada mientras cuentan pasos o recorren el camino de asfalto, escoltado por un sinfín de palmeras y árboles de todo tipo. Ciclistas urbanos y patinador@s circulan en ambos sentidos, mientras al otro lado de la avenida los edificios se alzan como muralla que protegiera el alma y la vida de las gentes de los ataques de corsarios y piratas, como ocurrió con HORACIO NELSON: muy pocos en la Península conocen la única derrota del insigne marino británico, pero sucedió aquí, en Santa Cruz de Tenerife, poco antes del desastre de Trafalgar. De hecho, el brazo perdido por Nelson fue arrancado de su cuerpo por un disparo de nuestro famoso cañón (apodado El Tigre ) cuando aquél intentaba desembarcar en nuestras costas... Pero esa es otra historia de las miles que encierra la capital, la isla y el Archipiélago Afortunado.

lunes, 7 de junio de 2010

TEATRO GUIMERÁ: TEMPLO DE LAS ARTES ESCÉNICAS.


Como actor , el Teatro Guimerá posee un triple significado: en primer lugar, como tradicional templo pagano de las Artes Escénicas, esta singular y bella caja a la italiana representa un lugar de obligada visita en las noches de representación, cuando la sociedad santacrucera viste galas ante sus cómicos; es, además, historia personal, pues aquí encarné el personaje de Manelich, protagonista del drama Tierra Baja, del autor tinerfeño que da nombre a este teatro: Ángel Guimerá; y, por último, pero no por ello, de menor importancia, he incluido la placa que sirve de justo homenaje a uno de las artistas más prolíficos y humanos que Santa Cruz de Tenerife y toda Canarias ha tenido el honor de contar entre los suyos: Fernando H. Guzmán. Este director de cine y teatro, dramatugro, narrador, poeta... ha dignificado y hecho más hermosa, si cabe, la humilde labor de todos aquellos que, como yo, pudimos conocerle y trabajar con él.  Un maestro, y una gran persona.
Nótese que Don Ángel mira de soslayo hacia el lugar de obligada asistencia entre actos para el público sediento o con el apetito despierto de su teatro: la cafetería Cervantes. Porque, ¿quién podría aguardar frente a las puertas del corral de comedias capitalino, sino el insigne autor del Hidalgo de la Triste Figura? En el interior de esta cafetería, y colgados de las paredes, el visitante no debe dejar de ojear los retratos firmados de cómicos conocidos que han visitado nuestro teatro.
Amantes de Calderón y de Lope, admiradores culpables y confesos de Shakespeare, y lectores añorantes de la dramaturgia contemporánea (desde Chejov, Ibsen, Stringber, Sastre, Camus, T. Williams, A. Miller, José Luis A. de Santos...) podemos esperar ese abrazo amistoso con estos autores en la oscuridad cómplice del seno materno que es todo teatro. Y el Teatro Guiméra nos esperará para arrancarnos lágrimas de mar, o sonrisas de payaso.

viernes, 4 de junio de 2010

EL PUENTE DEL GENERAL SERRADOR

El Puente del General Serrador es una construcción remozada que permite el cruce del barranco
que atraviesa Santa Cruz entre la zona del Mercado de Nuestra Señora de África (La Recova) y el TEA, hasta la calle de la Concordia y los alrededores del Teatro Guimerá y el hermoso paseo, lleno de vitalidad (tanto diurna como noctámbula), de la Noria, que desemboca junto a la Parroquia de La Concepción.
Leones (a modo de guardia de cortes), farolas decimonónicas, y una vista sosegada del barranco y del campanario de La Concecpión que, incluso cuando el puente está más concurrido en las horas centrales del día, invitan al sosiego.
Este puente sirve de lazo entre el Mercado Tradicional y la zona comercial del centro de la ciudad, como "camino nobiliario" entre la necesidad de alimentar el cuerpo y de deambular por el corazón turístico y crematístico de la urbe.
Porque así es esta gran capital, un lugar lleno de contrastes pero en la que siempre hay un rincón hermoso en el que detenerse para descansar el ánimo y solazar la mirada.


jueves, 3 de junio de 2010

TENERIFE ESPACIO DE LAS ARTES (TEA).


Este macroespacio cultural, ubicado céntricamente, es una Isla de Las Culturas, dentro de la ciudad. Moderno (la entrada se corona con telas corredizas que asemejan un circo romano y el velamen de un barco), multicultural y plurifuncional es, a la vez, sala de exposiciones, cine y biblioteca pública municipal. Personalmente creo que es un orgullo contar con un centro de estas características.
P.D.: el funcionariado y demás personal del TEA es de los mejores en atención al público. Comprobado.
Si desea(n) más información puede(n) visitar la página web del TEA mediante el siguiente enlace: wwww.teatenerife.es

miércoles, 2 de junio de 2010

EL MERCADO DE NUESTRO SEÑORA DE ÁFRICA (LA REVOCA)















La Avenida de San Sebastián alcanza una alegre y concurrida rotonda frente a la que se alza "la Recova" de Santa Cruz o, como también se la conoce, el Mercado de Nuestra Señora de África.
Este ciberviajero solía acudir en su niñez con sus padres para comprar aquellos alimentos frescos que se vendían (y venden) en este antiguo mercado santacrucero.
Cuando se contempla la estampa de esta construcción, remozada hace unos años, se comprende lo lejos que nos hallamos de aquel mundo donde no había tanta prisa ni necesidad de ostentación o de "economías" de crisis...

Hoy en día, las grandes superficies tratan de arrasar con el pequeño comercio, tan tradicional y entrañable en toda Canarias: ventas y pequeñas tiendas de comestibles; o los familiares comercios de las principales arterias turísticas de la capital.

Pero, como si se tratara de una tregua en esa batalla (casi) perdida, el Mercado se alza, cálido y sereno, bajo el fuego del atardecer.

LA (ESCONDIDA) PLAZA DE SAN SEBASTIÁN

Cuando se desciende por la conocida Avenida de San Sebastián y se está a punto de alcanzar el Mercado de Nuestra Señora de África, a pocos de nosotros se nos habría ocurrido desviar nuestros pasos hacia la pequeña plaza sobre la que se alza una hermosa Iglesia, dedicada (como ya habrá adivinado el ciberlector) al citado santo. Y no sería de extrañar que al recién llegado le fuera imposible llegar hasta ella, ya que el conjunto se halla rodeado por edificios más altos que la Iglesia, lo que impide localizarla en el horizonte.
IGLESIA SITIADA. Así se puede calificar este raro fenómeno. Pero, lamentablemente, es así. Y, sin embargo, es un edificio pulcro, sencillo de formas, de una pureza extraña entre el gris hermético de la ciudad que la enguye. Los parroquianos deben sentirse orgullosos, como numantinos contemporáneos que se resisten al inexorable avance de la urbe.
Obsérvese el letrero de la foto superior: símbolo inequívoco de lo que acontece con San Sebastián: el nombre está casi borrado por esa forma de arte urbano denominado grafito (o ejemplo de mala educación y peor gusto, para las mentes tradicionales).
No quería que esta Iglesia y su pequeña plaza pasaran inadvertidas.

jueves, 27 de mayo de 2010

PLAZA DE 25 DE JULIO


Cuando se deambula a últimas horas de la tarde por las proximidades de la Plaza de 25 de julio (o "Plaza de los Patos", como la conocemos todos en Santa Cruz), se percibe que el viandante se sosiega sin apenas darse cuenta, suelta el paso y se sorprende observando los edificios que parecen vigias de otros tiempos: robustos, agradables, impasibles, hermosos. Y no se puede dejar de pensar qué diferente era la concepción de los edificios en los dos siglos anteriores: solidez, magnificencia, gusto por el adorno frente a la funcionalidad y libertad creativa de nuestros días. Las ideas mueven el mundo, pero también lo "visten".

Y es cuando, tras merodear casi de forma culpable entre bellas estampas, vergeles privados anclados en sus silencios altivos, el viajero de estas calles se topa con ese tablero circular en cuyo centro se escucha el chapoteo del agua: la Plaza. A la hora de la tarde en que se toman las fotos, es habitual ver a ciudadanos que pasean a sus mascotas, a madres que impiden a sus hijos pequeños que se zambullan en las aguas de la fuente, jóvenes flirteando con la vida cuando la luz comienza a desvanecerse.

 Este marco de quietud y contemplación es a modo de pequeña isla en medio de la urbe. Y, como en toda isla que se precie, el agua es un elemento fundamental. Pero, lo que al pasajero del tiempo y del espacio de estas calles le llama la atención es el preciosismo de las baldosas, con vivos motivos animales y vegetales, coloreados con un gusto exquisito.


Como se puede apreciar en las fotografías, los bancos de la plaza están recubiertos de estas bellísimas baldosas polícromas. Y, no conformes con el interés meramente estético, se añade ese toque único que le confieren los rótulos que nos recuerdan las formas en que los anunciantes proclamaban las execelencias de sus productos: publicidad y arte se daban la mano con los medios de otras épocas. Hoy tenemos Internet, televisión, radio... y la publicidad es una labor creativa fugaz y repetitiva, aunque llegue a cotas artísticas en muy contadas ocasiones. Pero, como en la fotos, también ha habido un interés por aunar la belleza con los más genuinos fines crematísticos.



Y no sólo se puede apreciar la belleza de la decoración en el mobiliario urbano, sino que, para el viajero atento existe una atracción adicional, colorida y vistosa: la flora que se planta alrededor de la fuente, en los pequeños jardines periféricos: amarillos, naranjas, púrpuras se entremezclan con el verde de la vegetación para regalarnos una impresión primaveral que nos abrigue del entorno urbano de asfalto y prisa.